Estas crónicas narran el regreso a la presencialidad a la escuela en una secundaria pública de Jalisco después del confinamiento de la pandemia
jueves, 17 de junio de 2021
miércoles, 2 de junio de 2021
Semana 1 de regreso a la presencialidad de la escuela después de la pandemia
Estas crónicas narran el regreso a la presencialidad en las escuelas. Mi visión es la de un coordinador académico de una secundaria pública de Jalisco. El nombre de “crónicas de la prisa“ es por dos razones: la primera, es porque este regreso a la presencialidad a la escuela me resulta muy apresurado y la segunda, porque vivimos todos con mucha prisa, a penas con tiempo y energía para reproducir lo que ya sabemos y conocemos. La sensación con la que inicio es muy parecida a la que probablemente se experimentaría al salir de un refugio después de un gigantesco huracán y se encuentra con la devastación que dejó. Nada más que nuestra salida del refugio se da cuando la tempestad todavía está presente, sólo ha perdido un poco la fuerza.
El lunes pasado, 24 de mayo, en punto de las 14:50 todo el personal escolar ya estaba en sus lugares preparados para recibir a los alumnos. Esperábamos a 90 de ellos que voluntariamente vendrían. Justo a esa hora los secretarios abrieron la puerta iban para recoger las cartas responsivas firmadas por los padres de familia o tutores y los anotarían en la lista de recibido. El laboratorista y yo les indicaríamos donde formarse antes de ingresar a sus respectivos salones, evitando que se aglomeraran. Para ello los formamos en la cancha techada que sirve también como patio. El director el subdirector y algunos docentes los acompañaban en las filas, mientras esperaban y les daban las últimas indicaciones: guardar sana distancia, utilizar cubrebocas todo el tiempo, usar gel antibacterial cada que tocaran objetos que no son de su propiedad, si no tenían podían bajar al baño donde había jabón líqueido. Los prefectos los esperaban en las escaleras de cada piso para indicarles la localización de sus respectivos grupos, los docentes estarían en la puerta de sus salones para recibirlos. Las asesorías presenciales comenzarían en punto de las tres de la tarde.
Comenzaron a entrar de a poco. Su medio rostro cubierto, sus ojos serios y defensivamente inexpresivos. El ambiente era extraño. Se combinaba la alegría de regresar a la escuela después de un año y dos meses, pero también la angustia y la incertidumbre. Los alumnos de nuevo ingreso era la primera vez que visitaban su secundaria y no conocían ni el edificio ni el personal. Todos estaban en silencio. La combinación de emociones y sentimientos creo que nos abrumaba a todos.
Nunca antes al abrir las puertas en el ingreso de los estudiantes hubo silencio. Lo normal eran verlos entrar platicando, unos con prisa, otros muy lentos. La mayoría en corrillo con sus amigos. Sentados en las jardineras p disfrutando las sombras de los árboles y platicando. Otros más jugando un partidito de fucho antes de las clases. Muchos comiendo nieve, bebiendo de la pajilla el agua fresca que salía de sus vasos de unicel de un litro; otros más refrescándose con nieve raspada o con hielitos de sabores; muchos comiendo frituras con mucho chile en bolsitas de plástico… era muy extraño y muy diferente a lo que estamos acostumbrados “a la hora de la entrada”. Con amabilidad les indicábamos donde formarse. La mayoría sin decir nada, sólo caminaba. Alguno que otro después de responder soy de primero, soy de tercero A respondía “gracias” cuando le indicábamos donde formarse. “Hola Miguel, bienvenido”, saludé al joven que un año atrás medía 20 centímetros menos. “¿Sí se acuerda de mi?” “Claro Miguelito. Anda, ve a fomarte.” (No es su nombre real)
No faltaron los alumnos despistados que olvidaron su carta responsiva firmada. Intentaban explicar “es que no me enteré”. “Es que mi mamá no la firmó”, incluso hubo quien me dijo que se la habían robado en el camión. A todos fue la misma respuesta: “¿Puede venir tu mamá a firmarla? Es que esa carta sí la necesitamos.” Les pedía que le llamaran para que viniera lo antes posible a la escuela. “Es que no traigo saldo”. Les pasaba mi teléfono. “Márcale” . “¿Se la paso?” Hablaba con sus mamás. Les explicaba la importancia de esto. “Ahorita no puedo ir. ¿Puedo pasar a las seis?” “Es que estoy trabajando y no puede ir”. El subdirector tuvo que improvisar un acuerdo con ellos. ¿Qué otra alternativa tenía? ¿Regresarlos a su casa? No era opción.
Algunos llegaron con piercings, otros con los pelos pintados de verde o amarillo, algunas jovencitas con aretes gigantescos. No podíamos negarles el ingreso a nadie. La escuela relajó sus exigencias de la apariencia y del uniforme. Algunos pocos sí lo portaban, pero la mayoría no. Sólo se les había pedido que las jovencitas no llevaran escotes pronunciados ni microminifaldas. De manera que su vestimenta se hizo parte de su propia expresión y de la definición de su estética. Pantalones de mezclilla roídos y deshilachados, con botas industriales, haciendo remembranza del punk. Otros de pantalón de mezclilla, con tenis y camiseta T blanca. Cabellos largos, muy largos, pintados de rojo, de rubio, otros de verde o amarillo. La mayoría sin tintes y cabello bien recortado y cuidado.
Era el primer día de regreso a la escuela después del confinamiento al que nos vimos obligados por la pandemia. Justo a las tres de la tarde sonó el timbre que teníamos más de un año sin escuchar. Ordenadamente, los alumnos avanzaron a sus respectivos salones. Los de segundo usaron la escalera de la derecha, la chiquita que sólo sube al segundo piso. Los de primero y dos grupo de tercero, subieron por la escalera izquierda para mantener la sana distancia en todo momento. En cada grupo esperábamos nueve alumnos, pero en promedio llegaron seis. Por la forma en que se organizaron a los grupos (orden alfabético del apellido paterno) era probable que no coincidieran los mismos días con sus amigos. Sé de varios que prefirieron no ir por esa razón. “No, profe. No coincidimos los amigos. Mejor voy a seguir sólo en línea” me comentó una alumna. En menos de dos minutos el patio y los pasillos quedaron vacíos, todos se encontraban en su respectivos salones.
Una vez que atendimos todos los asuntos de cartas responsivas que no se entregaron y que el subdirector estuvo definiendo procedimientos para solucionar ese problemilla, subí a ver los grupos. Dos alumnos por mesa, sentados en los opuestos del rectángulo, intentando conservar la sana distancia. Aquí se puede hacer, pero no pudieron conservar esa sana distancia en el camión repleto que abordaron para venir a la secundaria. A los maestros se les escuchaba una voz animosa, expresando la bienvenida. Los jóvenes atentos en sus maestros guardaban silencio.
El regreso a la presencialidad escolar se definió el 11 de mayo, cuando el secretario de educación Juan Carlos Flores Miramontes publicó el “acuerdo” para definir cómo y cuando se haría la reapertura de las escuelas. Es curioso que se le llame acuerdo. Suena como si hubiera sido el resultado al que se llegó después de una conversación muy horizontal, en la que se escucharon a todas las partes interesadas; pero sinceramente, se siente como algo muy vertical. A ningún maestro que conozca se le invitó a participar en la construcción de ese acuerdo. Fue un dictamen definido desde las altas esferas del poder. Este “acuerdo” incluye los niveles de educación básica, normales y media superior estatal, pero se ve claramente que sólo se pensó en preescolar y primaria y no en las broncas que implica secundaria ni normales. En el preescolar y en la primaria en cada grupo hay a lo más dos maestros, la mayor parte de las veces sólo es uno. Los maestros trabajan por jornada, por turno, pues y cada maestro o maestra tienen a lo más 45 alumnos. En cambio, en secundaria, cada grupo tiene hasta 10 maestros; los maestros no trabajan por jornadas, sino por horas y quienes tienen tiempo completo (42 horas a la semana) llegan a atender hasta 10 grupos lo cual significa más de 400 alumnos. Tengo 14 años trabajando en secundaria y en este tiempo, las cosas han sido iguales. En secundaria tenemos que hacer malabares para adecuar los lineamientos de la autoridad. Incluso ya estamos acostumbrados a esto. La molestia que produce esta desconsideración se ha transformado en simple ironía resignada.
La autoridad considera que estamos en la posibilidad de reabrir las escuelas por dos razones:
1. En Jalisco, desde hace más de un mes, el semáforo covid está en verde lo que quiere decir, al parecer y de acuerdo a la versión oficial, la cantidad de contagios y lamentables defunciones se han venido reduciendo.
2. El personal escolar, público y privado fuimos vacunados en los últimos días de abril y los primeros de mayo. Por lo que para el 17, fecha que se estableció para la reapertura de las escuelas, ya habríamos desarrollado, después de dos semanas de haber recibido la vacuna, un nivel de protección del 60 por ciento ¿Por qué no esperar a que pasaran las cuatro semanas para alcanzar un nivel del 90 por ciento? Como que se siente urgencia, ¿verdad? A mi me lo parece.
Ahora bien ¿por qué la prisa? ¿se justifica de alguna manera que a poco más de un mes de concluir el ciclo escolar se quieran reabrir las escuelas? ¿Por qué no esperar a que termine el ciclo escolar? La postura del gobierno federal expresada en repetidas ocasiones es que la afectación emocional y psicológica de los alumnos es realmente severa y ayudaría a mejorar esta situación, aunque sea un poco, el regreso a la escuela. Además, desde el mes de octubre de 2020 las autoridades hablaba de que alrededor del 10 por ciento de los estudiantes de educación básica había “desertado” de las escuelas debido a no tener ni televisión ni internet para hacer las labores a distancia.
Aquí yo veo una confusión. Sí, es verdad que en las escuelas hay alrededor del 10% de estudiantes que no se han adherido a las clases a distancia y que no se ha podido establecer comunicación con ellos. No obstante, eso no necesariamente quiere decir que desertaron. Más bien no están vinculados con la escuela. No sabemos qué pasa con ellos. No sabemos si no continuarán estudiando o no. En mi secundaria se han hecho esfuerzos serios para localizar a esos alumnos y sumarlos a las actividades escolares. Incluso con cuadernillos físicos para aquellos que no puedan participar en las actividades a distancia, por carecer de conexión o tener al menos un celular o una tablet para poderse conectar. Pero la conectividad no es la única razón por la cual los alumnos no están involucrándose. La afectación emocional es una causa menos obvia, pero que tiene un peso muy significativo en el desempeño escolar de los alumnos. Sólo por citar unos datos. Los índices de violencia doméstica se han elevado. Los medios informaban que en marzo de 2020 las llamadas al 911 se habían incrementado 23 por ciento en comparación con febrero del mismo año. Por su parte, el Consejo Ciudadano reportó que sólo en los primeros siete días de abril de 2020 habían recibido el 50 por ciento de llamadas que se habían recibido en todo el mes anterior en el que se identificaba como agresor a la pareja, novio o esposo. También se observó que las búsquedas en Google relacionadas a cómo hacer una denuncia de violencia doméstica se habían incrementado significativamente. Estos datos sólo son una minúscula muestra de un problema de proporciones alarmantes. Cabe aclarar que corresponden a los momentos de mayor confinamiento. Posteriormente se redujo y la mayoría de la población tuvo que salir a trabajar a pesar de que la pandemia seguía en aumento, causando cada vez más lamentables fallecimientos.
Sobre la cuestión de los aprendizajes, ni hablemos. Estamos siendo testigos de “la mayor crisis educativa que se haya tenido en la historia”. Quienes resultarán más perjudicados por todo esto, sin duda, son los sectores más vulnerables de la población.
¿Es urgente retomar las actividades escolares? Sí, claro que sí. No obstante, la sensación que esto produce es muy parecida a la que probablemente se experimentaría al salir de un refugio después de un gigantesco huracán y se encuentra con la devastación que dejó. Nada más que nuestra salida del refugio se da cuando la tempestad todavía está presente, sólo ha perdido un poco la fuerza.
En un par de días los subdirectores, por indicación del director, organizaron el regreso a la presencialidad. A los coordinadores académicos se les solicitó presentar una serie de sugerencias y consideraciones para el trabajo de las asesorías que iban a dar. Se nos indicaba que abriéramos las escuelas desde el día 17 de mayo. El “acuerdo” del secretario se publicó el día 11, las juntas de la zona escolar se realizaron el día 12 y la cosa se veía muy apretada. No sólo teníamos que pensar en una estrategia de reapertura, sino también había que informarla a los docentes, a los padres padres y a los alumnos mismos. Ese mismo 12 de mayo tuvimos la junta los directivos y los coordinadores. La información la íbamos a comunicar a los docentes el viernes 14 y a los papás y mamás el lunes 17, el martes 18 y el miércoles 19. Pero como a las 8 de la noche del jueves 13 nos subdirectores informaron a los grupos de docentes de WhatsApp que la junta programada para el viernes, se posponía para el siguiente lunes. Las autoridades escolares del estado habían decidido suspender labores como festejo por el día del maestro.
Afortunadamente, durante esta primera semana de reapertura varios papás y mamás, se presentaron en la escuela para explicar por qué sus hijos no habían participado en las clases a distancia. Se dirigían con el subdirector y conmigo. Ya nos habíamos puesto de acuerdo en cómo abordar este asunto y cómo lograr “la recuperación” de estos alumnos. El rezago en los aprendizajes de todo un ciclo escolar, será imposible “recuperarlos”; pero lo importante es que se reincorporen a la escuela. Al hablar con los papás y las mamás y los alumnos podíamos asomarnos a un panorama de verdad desolador. No sólo hubo pérdida de trabajos y difíciles condiciones económicas. Aparecía el dolor por los lamentables fallecimientos, las tensiones en las familias que resultaron en divorcios; cambios de domicilios y una afectación emocional de verdad severa. “Lo importante es que ya está aquí y haremos todo lo posible para recuperarlo”.
Fue muy significativo cuando saludé a una alumna al entrar a la escuela a la que le pregunté ¿cómo estás? Clara y directamente me contestó “Mal” y siguió caminando. Algunos alumnos que me tienen confianza me hablaron de la difícil situación que vivieron en el confinamiento. Las historias eran muy parecidas unas de otras. “Me dedicaba a cuidar a mis hermanitos”, “Mi mamá me tenía de chacha”. Era lo que narraban las jovencitas. “Entré a trabajar en una llantera”. “Vendía X cosa”. “Mi papá me llevó a trabajar con él”, era la respuesta de los jóvencitos. “Nos tuvimos que cambiar de casa”. “Mi papá perdió el trabajo”. “Mis papás se divorciaron y me fui a vivir con mi papá”. “Vivía en casa de mi tía”. “Me fui con mi abuelita”. A algunos de ellos sus ojos se enrojecían y se les llenaban de lágrimas mientras narraban sus tristes experiencias”. Sí era urgente el regreso y afortunadamente estamos en la posibilidad de hacerlo. A lo largo de la semana varias veces el corazón se me apachurró al escuchar las historias que en confianza me narraban.
La situación con los maestros no era muy diferente. Varios tuvieron pérdidas muy dolorosas de esposos, de padres y madres, familiares, amigos. A esto también se suman la ansiedad y depresión que se somatizan en presión arterial alta, problemas de sueño, irritaciones en la piel, problemas gástricos como colitis y gastritis… Ha sido todo esto muy difícil, pues a pesar que tuvimos el privilegio de podernos quedar en casa y de recibir nuestro sueldo, el confinamiento fue una prueba muy difícil para todos y provocó que salieran las sombras más oscuras a flote. Las tensiones en la pareja y con los hijos han sido comunes han sido verdaderamente severas. De verdad es urgente la ayuda psicológica y emocional no sólo para los alumnos, sino para todo el personal de la escuela y si lo extendemos tantito más, ahí cabemos todos.
La autoridad estatal indicó que este regreso a las clases, en realidad no era tal, sino asesorías de regularización y de atención de cuestiones administrativas. El énfasis informal que se ha expresado en todas partes del mundo ha sido la atención socioemocional de los alumnos. Desde el principio este asunto me molestó porque es fácil pedir a los maestros que hicieran énfasis en la atención socioemocional de los alumnos. Pero la verdad es que carecemos de una verdadera preparación y de una capacitación en forma. Sí en los Consejos Técnicos Escolares habíamos revisado algunos conceptos sobre ese tema como la empatía, la motivación y la resiliencia; pero no se pueden considerar como una verdadera capacitación simplemente dar a conocer una definición del concepto y más o menos exponer, a grandes rasgos, de que se tratan. Esa sensación de recibir una responsabilidad inmensa con apenas unos gises y un montón de buenas intenciones, es muy conocida para nosotros los maestros. Las autoridades nos dicen qué debemos hacer. ¿Cómo hacerlo? Que cada escuela lo decida y diseñe estrategias, para algo ya se han conformado en unas verdaderas CAV (Comunidades de Aprendizaje en y para la Vida) nos dicen. Y ahí vamos dando tumbos sin mucho apoyo y sintiéndonos bastante solos. Pero eso sí, lo que caracteriza a los docentes es que le entramos; con muchas ganas pero también con mucha improvisación.
Las salidas, después de la limitada jornada, se ha parecido mucho entre un día y otro. A las 17:40, después de haber tenido cuatro sesiones de cuarenta minutos. Los alumnos salen formados con sus caras a medio cubrir. Sus ojos inexpresivos, en silencio. Ya no son aquellas salidas platicando. Ya nadie se queda en los pasillos esperando a sus amigos. Ya no hay ese momento en que se quedaban platicando en las jardineras, o la calle de la escuela se llenaba con los alumnos comprando en los puestos que se ponen frente a la escuela. Nuevamente el silencio abrumador de jóvenes caminando dirigiéndose a la puerta de salida. Nuevamente en menos de 2 minutos la escuela vuelve a quedar vacía.
martes, 1 de junio de 2021
Crónicas de la prisa: preparando el regreso a la presecialidad
Crónicas de la prisa
Estas crónicas de la prisa narran el regreso a la presencialidad en las escuelas. Mi visión es la de un coordinador académico de una secundaria de Jalisco. El nombre de “crónicas de la prisa“ es por dos razones: la primera, es porque este regreso a la presencialidad a la escuela me resulta muy apresurado y la segunda, porque vivimos todos con mucha prisa, a penas con tiempo y energía para reproducir lo que ya sabemos y conocemos. La sensación con la que inicio es muy parecida a la que probablemente se experimentaría al salir de un refugio después de un gigantesco huracán y se encuentra con la devastación que dejó. Nada más que nuestra salida del refugio se da cuando la tempestad todavía está presente, sólo ha perdido un poco la fuerza.
Un poco de antecedentes
En Jalisco los alumnos dejaron de ir a la escuela el 17 de marzo del año pasado. Seis días después de que la OMS había declarado la pandemia. El gobernador de Jalisco nunca se imaginó que este confinamiento se prolongaría por tanto tiempo. Quiso ganar protagonismo y presentarse como un político valiente, determinado y capaz, a quien no le tiembla la mano para tomar decisiones difíciles. Se adelantó con una semana al gobierno federal que había definido el 24 de marzo para suspender las labores escolares. Por eso, las escuelas de acá, tuvimos que cerrar las puestas sin tener claridad en cómo resolveríamos todos los problemas que estábamos por enfrentar, sin haber definido una forma de atención a los alumnos ni haber dicho siquiera cuáles iban a ser los medios de comunicación con los que mantendríamos el contacto. Llegamos aquel aciago lunes a la escuela nomás pelando los ojos a diseñar “una estrategia” de atención escolar a distancia. ¿Cuántos alumnos tenían un celular inteligente, computadora y conexión a internet en su casa? No teníamos ni la menor idea. ¿Cómo le haríamos con quienes no los tuvieran? Nos dieron del 17 al 21 de marzo para pensar, diseñar e implementar una estrategia a distancia. No iba a ser igual como aquella suspensión de clases sin actividades que tuvimos en 2009 por el H1N1. Puede ser que pensaran que esta ocasión iba a ser igual y que sólo pararíamos por dos semanas, incluso se cruzaba la semana santa y pascua. Por lo que si parábamos dos semanas y las dos de los días feriados, estaríamos un mes en el confinamiento. Pero, como todos lo sabemos, esta ocasión fue muy diferente.
En una semana, sacamos “una estrategia”, si así le podemos llamar, basada en actividades diseñadas por los maestros y subidas a un servidor de nube gratuito y publicadas en un blog. La recepción de actividades por correo electrónico y la comunicación oficial por la página de Facebook que unos meses antes se había creado y se mandó hacer una lona con las indicaciones de nuestra “estrategia”… Ahí le dejo, aunque habría muchas cosas que decir; pero estas son unas crónicas del regreso limitado a la presencialidad, no lo que ocurrió hace poco más de un año.
Nadie se imaginó que el ciclo escolar 2020-2021 sería también a distancia. No había condiciones para regresar. “Las clases a distancia” comenzaron el 24 de agosto. Tampoco entraré a detalles de como construimos una estrategia de atención a distancia. Sólo diré que ha sido una tarea muy complicada y llena de claros oscuros. Todo ese proceso sería muy importante describirlo, pero nuevamente no es el objeto de estas crónicas.
Un último antecedente que es importante considerar en estas crónicas. Quienes trabajamos en educación hemos sido un grupo inmensamente privilegiado. Pudimos quedarnos en casa para evitar los contagios y desde la distancia atender a los alumnos, aún a pesar de que esto iba a causar muchísimos problemas y un fuerte rezago educativo en los alumnos. Se nos privilegió la salud por encima de todo. No hubo ni un sólo despido y más bien hubo nuevas contrataciones. Nunca nos faltó el pago. Además, fuimos privilegiados también al recibir la vacuna. En el caso de Jalisco, fuimos vacunados en los últimos días de abril y los primeros de mayo; sólo después del personal médico de primera línea de atención a la pandemia y de los adultos mayores, por ser el grupo social más vulnerable. Esto, en un país con las condiciones que tiene México, significa un inmenso privilegio. No obstante, esta condición me produce un fuerte sabor a amargura al ser consciente de que muy pocos lo hemos gozado. La mayoría de la población sólo se les permitió parar las actividades un par de semanas y hubo a quienes ni siquiera eso. Tuvieron que continuar sus actividades en medio de la angustia y de la incertidumbre de una pandemia que mostraba un incrementó sustancial en sus cifras de contagiados y de muertos. Fueron tantos, que incluso los más incrédulos de que esto de la pandemia no era verdad, terminaron convencidos de que el riesgo era muy grande. Todo tenemos familiares, amigos, vecinos y conocidos que se contagiaron o que lamentablemente fallecieron por COVID. En este contexto no tuvieron más alternativa que salir a trabajar transportándose en camiones atestados donde era imposible conservar la “sana distancia”; otros más incluso perdieron sus trabajos y muchos han sufrido el dolor de perder a seres queridos No soy capaz ni siquiera de imaginar las tragedias y el dolor que millones de mexicanos han sufrido en esta pandemia. Quienes las han sufrido más han sido los más pobres y los más marginados.
Martes 11 de mayo de 2021
Tenía a penas 9 días de haber sido vacunado. Nos dijeron que a los 15 días la vacuna CanSino, que fue la que recibió todo el personal escolar, protegía con un 60 por ciento contra COVID, y después de 30 días alcanzaba una efectividad superior al 90 por ciento. Era martes y yo andaba medio en la pendeja lidiando de la mejor manera que podía el confinamiento. De pronto, poco después del medio día, comenzó a circular por los WhatsApp de los docentes y por las redes sociales el “Acuerdo” que acababa de firmar el Secretario de Educación, Juan Carlos Flores Miramontes. En él definía la estrategia para el regreso a la presencialidad en las escuelas para el próximo 17 de mayo. No le presté mucha atención, porque en esos días las autoridades federales hablaban de un regreso voluntario a las escuelas. “Nada por la fuerza”, había dicho el presidente López Obrador. Luego, cuando le medio leí, el “acuerdo” ese comenzaba diciendo “el ciclo escolar 2020-2021 finalizará en línea”. Sin poner mucha atención vi que se pensaba en dar asesorías y atención a todo tipo de trámites administrativos y recepción de actividades… No me alarmó. Me quedé con la idea que las autoridades estatales no se quería echar la responsabilidad de declarar el regreso a clases presenciales y que por esa tibieza se iban a producir un desmadrote. No le di, mayor importancia, sólo me quedé con la sensación de haber recibido un mensaje ambiguo y que podía representar muchos problemas.
Comparto el punto de vista de que el regreso a la escuela es muy necesario. Pero nuevamente no había claridad en cómo organizarlo y qué deberíamos de alcanzar. ¿Se justifica de alguna manera esta urgencia? Tiene sentido, la afectación socioemocional y psicológica que tienen los niños y jóvenes es severa, lo mismo que los maestros. Atender a los alumnos y regresar limitadamente a las actividades cotidianas, creen, que ayudará a los alumnos y a las familias. Coincido con esta apreciación. Los índices de violencia doméstica se han elevado. Los medios informaban que en marzo de 2020 las llamadas al 911 se habían incrementado 23 por ciento en comparación con febrero del mismo año. Por su parte, el Consejo Ciudadano reportó que sólo en los primeros siete días de abril de 2020 habían recibido el 50 por ciento de llamadas que se habían recibido en todo el mes anterior en el que se identificaba como agresor a la pareja, novio o esposo. También se observó que las búsquedas en Google relacionadas a cómo hacer una denuncia de violencia doméstica se habían incrementado significativamente. Estos datos sólo son una minúscula muestra de un problema de proporciones alarmantes. Por otro lado, la afectación en los aprendizajes de los alumnos han sido calificados por especialistas como “la mayor crisis educativa que se haya tenido en la historia”. Quienes resultarán más perjudicados por todo esto, sin duda, son los sectores más vulnerables de la población. Aquellos familias que ni siquiera tienen un dispositivo para conectarse a internet o una conexión más o menos estable, no se pudieron sumar a las actividades escolares, lo cual resulta terrible.
Lo que más llamó mi atención de parte de los maestros fue que no hubo ninguna reacción. No se expresó ningún comentario, ni a favor ni en contra del “Acuerdo”. El sindicato adoptó una postura de apoyo y difusión a lo dicho por la autoridad. No así en las redes sociales, donde sí hubo expresiones de preocupación y de rechazo por este “regreso voluntario” a la presencialidad. Incluso hubo quienes convocaban a organizarse para manifestar públicamente esta posición. Las burlas y los memes no tardaron en aparecer. En lo que más hacían énfasis fue en la contradicción de “voluntariamente a fuerzas”.
No quise ponerme a investigar más nada. Inclsuo pensé que no se iba a realizar y que el regreso sería en el mes de agosto. Estaba equivocado. Sí regresaríamos, pero mi lectura de prisa y mi poca atención al comunicado del secretario, me hizo creer que no. Seguí con mis estrategias para lidiar con el aburrimiento, la ansiedad y el sinsentido que experimentaba en este confinamiento...
12 de mayo
Como a las 3 de la tarde observo mi celular y me doy cuenta que me estaban convocando a una reunión por videoconferencia con los directivos a las 6 de la tarde… “Chin… No voy a pedir ir a caminar”, fue mi única reacción. La sesión por Meet tenía la finalidad de definir la estrategia para tener este regreso lo más ordenado posible para el día 17 de mayo. Mi sorpresa fue en aumento… ¿Cómo? ¿Sí vamos a regresar? ¿No que era voluntario el regreso? El director explicó con paciencia que el “acuerdo” del secretario definía con mucha claridad que el personal escolar teníamos la obligación de presentarnos a trabajar de acuerdo a los horarios y días que definieran los directores. Me di cuenta que los directivos ya se habían puesto de acuerdo y muy probablemente unas horas antes de esta reunión virtual, habrían tenido su respectiva junta de zona con el inspector. Los subdirectores ya tenían las propuestas para sus respectivos turnos. Ya habían hecho una serie de malabares para poder dar más o menos sentido a las indicaciones de la autoridad. Esto es de lo más común. Las autoridades estatales y federales de educación, cuando piensan implementar algo en educación básica, sólo tienen en mente a las primarias. Esto produce muchos problemas al momento de aplicar las estrategias en secundaria. Los modelos de trabajo son muy diferentes. En primaria hay uno o dos maestros por grupo. Cada maestro tiene a su cargo a lo más 45 alumnos; mientras que en secundaria hay hasta diez maestros por grupo y cada maestro puede llegar a atender hasta 400 alumnos o poco más, según su carga horaria que es muy variable entre un maestro y otro. No es humanamente posible realizar algunas cosas que se definen en las estrategias. Razón por la cual debemos hacer malabares para adecuar las cosas lo mejor que podamos.
Presentaron los detalles para organizar que fueran 9 alumnos por salón como máximo. El galimatías que teníamos enfrente era que debíamos abrir la puerta de la escuela a todo alumno que fuera enviado voluntariamente por sus padres. Por lineamiento no escrito no podíamos concentrarnos en los que presentaran mayor rezago, o en aquellos alumnos que, por diferentes razones, prácticamente no sabíamos nada de ellos. De manera informal la indicación fue que nos centráramos en el aspecto socioemocional de los alumnos. ¿De dónde sacaremos la preparación para centrarnos en eso? ¿Cómo poder brindar este tipo de acompañamiento? No hemos tenido una capacitación formal sobre estos asuntos y no hay que negarlo, las generaciones a las que pertenecemos los maestros crecimos y fuimos formados sin considerar lo emocional. Antes a este tipo de asuntos no se le daba nadita de importancia.
Concordamos en que teníamos que informar a los alumnos, a los padres de familia y a los docentes. Para ello se definió que el viernes 14 tendríamos la junta con los docentes y el lunes 17, martes 18 y miércoles 19 con los padres de familia. Además compartiríamos la información por los grupos de Facebook.
Como coordinador académico se me solicitó que preparara una propuesta de trabajo didáctico para la atención de los alumnos en las asesorías. Me recomendaron que enfatizara que no se trataba de clases, propiamente dichas, sino más bien un regreso para atender la regularización de los alumnos y poner énfasis en el aspecto socioemocional. Más que dictar una serie de lineamientos a los maestros, consideré que sería el asunto de compartir una serie de reflexiones y de recomendaciones a tomar en cuenta.
Las primeras reacciones que todo esto me produjo fueron de angustia y preocupación. Lo primero que pensé fue que este inicio se estaban dando todavía con la pandemia activa y que es un riesgo muy grande que se incrementen los contagios, como ocurrió, algunas semanas atrás, en Chile. Me causaba repulsión contactar con el sinsentido de hacer un trabajo sólo para cumplir con unas indicaciones poco claras y que dejaban la impresión de fines políticos y de aparentar hacer un regreso escolar faltando poco más de un mes para que concluyera el ciclo escolar, cuando ya se estaban preparando las evaluaciones finales. Sentía molestia de que nos solicitaran a los maestros la atención socioemocional sin tener una verdadera preparación ni una capacitación en forma. Sí habíamos revisado algunos conceptos sobre ese tema en los Consejos Técnicos Escolares como los de empatía, motivación y resiliencia; pero se pueden considerar como una verdadera capacitación. Esa sensación de recibir una responsabilidad inmensa con apenas unos gises y un montón de buenas intenciones, es muy conocida para nosotros los maestros. Las autoridades nos dicen qué debemos hacer. ¿Cómo hacerlo? Que cada escuela lo decida y diseñe estrategias, para algo ya se han conformado en unas verdaderas CAV (Comunidades de Aprendizaje en y para la Vida) nos dicen. Y ahí vamos dando tumbos sin mucho apoyo y sintiéndonos bastante solos. Pero eso sí, lo que caracteriza a los docentes que conozco (y me imagino que así es en todo el país) le entramos; con muchas ganas pero también con mucha improvisación.
Una vez que esos momentos de angustia pasaron, releí con calma el “Acuerdo” del secretario y sí, efectivamente estaba bastante claro que la condición de “regreso voluntario” sólo se refería a los padres de familia. No a los docentes. Intenté darle sentido a todo esto. La pregunta obvia que me surgió fue ¿para qué hacer el regreso a estas alturas del ciclo escolar? ¿Por qué no esperar a agosto como ya lo habían dicho?
Lo que aporta el “Acuerdo” del secretario es que se busca “dar cabal cumplimiento a planes y programas de estudio” ¿En serio? ¿en serio? De verdad creen que podemos “dar cabal cumplimiento a planes y programas de estudio? ¿Cómo lo haremos si más bien nos están pidiendo asesorías y que nos centremos en lo socioemocional y no propiamente clases? ¿Saben las autoridades educativas que este ciclo escolar la cantidad de horas clases se vio sensiblemente reducida? Se establece que se abrirán las escuelas para
• Brindar orientación a estudiantes, madres, padres de familia y tutores,
• Dar atención de procesos administrativos, lo anterior, a través de un esquema de guardias del personal docente y de apoyo, definido por el director o encargado del centro escolar, con apego al principio de
La parte que yo debía abordar era la de “brindar atención a estudiantes”. Pero además aclaran que las clases presenciales se reanudarán cuando las autoridades sanitarias del Estado lo determinen ¿o sea cómo? Regresamos a dar asesorías, no clases. A intentar recuperar a los alumnos para que no dejen la escuela. Se ha interpretado que el confinamiento por la pandemia provocará una deserción escolar inmensa de niños y jóvenes. Es un hecho que la inscripción de alumnos a secundaria ha sido muy baja pero esto puede ser la consecuencia de que las inscripciones se hicieron en línea con la aplicación Recrea. Han sido muchos que han expresado las dificultades que tienen para hacerlo. Y no necesariamente a que los papás no quieran enviar sus hijos a la escuela. Definitivamente no ha sido nada sencillo este confinamiento.
Añade el secretario en el mismo documento que si la infraestructura física de los inmuebles lo permiten podemos hacer las siguientes actividades:
• Grupos de seguimiento académico con un máximo de 9 estudiantes.
• Actividades deportivas y culturales con grupos de máximo 9 estudiantes.
• Evaluación formativa de estudiantes.
• Citas para atención y orientación a estudiantes y padres de familia.
• Prácticas de laboratorio con aforo máximo del 30% en Educación Media Superior. Ah bueno, ese se sólo a la prepa.
• Recepción y entrega de tareas.
• Entrega de libros, uniformes, calzado, mochilas y útiles escolares.
• Actos académicos de cierre de ciclo escolar.
Bueno, al menos tuvieron en cuenta que Jalisco no todas las escuelas cuentan con las condiciones mínimas (agua potable y baños) en su infraestructura física de los inmuebles. Ahí están los puntos que debía abordar:
• Seguimiento académico
• Actividades deportivas y culturales
• Evaluación formativa
Las cuestiones de entrega de materiales y libros, eso lo habíamos hecho desde el principio del ciclo escolar. Además, la secundaria sólo cerró sus puertas al público cuatro semanas (del 23 de marzo al 13 de abril); a partir de ahí se implementó un sistema de guardias que realizaban los compañeros intendentes y personal administrativo, quienes contestaron el teléfono de la secundaria y atendieron a los padres de familia que requerían información.
Revisé algunas experiencias de regreso escolar en medio de la pandemia de otros países. La mayoría de la información que encontré estaba centrada en el énfasis del aspecto socioemocional. Contaban algunas experiencias y recomendaciones. Intentando adecuar lo que revisé y construir más que una estrategia, una serie de reflexiones didácticas que fueran útiles a los maestros.
13 de mayo
Tuvimos una videoconferencia la coordinadora del turno matutino y yo para reflexionar sobre el asunto y juntos construir una propuesta. Consideramos que más dictar una estrategia didáctica, debíamos centrarnos en hacer una serie de sugerencias y recomendaciones que pudieran ser útiles para los maestros. Consideramos que el asunto era muy complejo. No sabíamos qué alumnos iban a ir y quienes no. Hay tres tipos de condiciones de alumnos:
• Quienes están en una condición regular. Aquellos que ingresan a las clases a distancia y presentan actividades.
• Quienes están en una condición intermitente; es decir, los alumnos que por diferentes razones ven algunas veces sus clases y presentan actividades de manera intermitente.
• Quienes están ausentes y sin comunicación. Alumnos con los que a pesar de los esfuerzos, no hemos podido contactar y no tienen contacto en sus clases ni presentan actividades.
Las estrategias de regularización para cada uno de ellos es diferente y es posible que el docente tenga frente a sí, en una misma sesión de asesorías a alumnos de las tres condiciones. Era por tanto, imprescindible que tuviera la información descriptiva de cada alumno y que tenía que abordar diferentes formas para intentar regularizarlos. Además, era central que encontraran sentido en las actividades que realizaran en esta presencialidad y que brindaran acompañamiento socioemocional. Surgió, en aquella videollamada, el asunto de la poca capacitación docente para abordar éste último aspecto. ¿Cómo podíamos abordar este problema? Era el reto más grande. Quedamos en presentar propuestas a los directivos y enriquecernos con sus puntos de vista, para así exponer a los maestros.
Por la tarde tuvimos una nueva reunión por videollamada con los directivos. Presentamos las propuestas didácticas para recibir retroalimentación. Les presenté un manual docente escrito en España en el que recuperaban su experiencia en medio de la pandemia. En él se hacían una serie de reflexiones teóricas y se brindaban una conjunto de actividades bien diseñadas para atender el aspecto socioemocional de los alumnos. En la junta sugerí que podíamos usar ese texto y que consideraba importante hacer algunas reflexiones sobre el acompañamiento y aspectos a tomar en cuenta en la escucha. La reacción fue que el director iba a abordar el tema de la empatía, la motivación a alumnos y la resiliencia; pero no vio mal que expusiéramos lo que proponíamos y que podíamos presentar el manual español a los maestros para que ellos en libertad decidieran aplicarlo o no. Incluso se sugirió que para evitar que las actividades de ese manual se repitieran, fuera abordado particularmente en la materia de formación cívica y ética. Ya estaba todo dispuesto, pero un par de horas después de haber concluido la junta, el escenario cambió. Alrededor de las ocho de la noche los subdirectores publicaron en los grupos de WhatsApp de los docentes que la junta que estaba prevista para el día siguiente había sido cancelada. Las autoridades estatales, de último momento, decidieron dar el 14 de mayo como feriado por el festejo del día del maestro, que no estaba previsto en el calendario escolar. La junta se realizaría el siguiente lunes 17 de mayo.
17 de mayo
La junta comenzó a las 2 de la tarde. Cuando ingresé, a la reunión de Meet, sólo estaba la imagen del director y del subdirector abierta. El resto eran cuadros negros con unas iniciales de colores. El director expuso los temas socioemcionales de la motivación, la empatía y la resiliencia. El subdirector explicó la manera en que había organizado este regreso limitado. Los maestros y las maestras comprendieron bien que no se debían presentar todos los días y también les quedó claro su horario.
Español y matemáticas tres horas a la semana. Ciencias dos, No hubo ningún tipo de reacción adversa. Nadie expresó preocupación por un posible crecimiento de los contagios. Los maestros participaron de manera propositiva y aunque no hubo muchos comentarios o preguntas,
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